Aprendiendo

Esta claro que este no ha sido mi mejor año, y bueno, sinceramente me atrevo a decir que quizás haya sido el más duro de mi vida.

Echo la vista atrás y lo primero que veo es mucho estrés. También lágrimas (algunas de esfuerzo y otras de tristeza). Cicatrices (en el corazón ), y muchísimo aprendizaje… Tanto…

Empecé el año lejos de mi zona de confort, con dos retos muy grandes que supusieron muchísimo sacrificio, mucha dedicación y mucho tiempo (me pregunto si demasiado…). Y yo, que no iba a parar hasta conseguirlo (como siempre), me entregué en cuerpo (y alma).

Y sí. No sé cómo lo hice, pero lo conseguí. Dios lo conseguí. Y acabo este 2018 siendo Abogada y Asesora Fiscal, después de superar dos Máster el mismo año, que hipotecaron mucho tiempo de mi vida y me alejaron de mi familia y de la gente a la que quiero durante un tiempo. Que me supuso sacrificar muchas cosas. Que me distanció del agua y de todo lo que adoro, durante muchos meses… y que me hicieron perder un poco de mí. De mi esencia.

Pero bueno, para conseguir cosas grandes hay que hacer grandes sacrificios, y esa lección la llevaba bien aprendida, así que no era nada que no supiera antes, solo que se me escapó un pequeño detalle, y es que no lo mismo llevar al límite el cuerpo que la mente. No es lo mismo.

Pero entonces, llega el momento en el que sin acabar de creértelo superas la gran odisea y al fin sientes que puedes respirar, al fin te relajas… Hasta que de repente, por otros motivos tu vida cambia, tu corazón se rompe en trocitos y te ciega la tristeza. Y todo te supera. Y te descontrola. Y te desorienta por completo…

Y después de todo lo vivido, todo el esfuerzo y todos los sacrificios, todo pierde el sentido. Voy, supero mi gran reto, y ni lo celebro. Ni me alegro. Ni nada… Me quedo igual, pero sintiéndome más vacía por dentro… Porque una especie de niebla dentro de mí que cubre toda mi alegría y satisfacción, y no soy capaz de emocionarme por haber logrado algo en lo que tanto tiempo y vida había invertido…

Y no es justo. Porque los retos cuando se superan deben valorarse, y celebrarse. Porque sin ellos la vida sí que no tendría sentido. Y porque después de tantísimo esfuerzo uno se merece disfrutarlo, celebrarlo y saborearlo. Por eso, ahora y antes de que acabara el año no podía ignorar ese momento, Mi Momento.

Para mí lograr ser Abogada y Asesora Fiscal, son como otras dos Medallas Olímpicas. Son mis otros sueños hechos realidad. Objetivos que me han llevado al límite, ese que tanto me gusta explorar, y que me ha permitido conocerme más y evolucionar como persona.

Así que aunque sea una foto de lo más normal, fuera de una piscina, y con un trozo de papel en la mano, es de un día especial, a finales de julio, donde estaba a punto de superar algo muy grande que no llegué a disfrutar.

Y bueno, creo que no deberíamos permitir que nada nos cegara tanto como para dejar de valorar cada uno de los pasos que damos hacia delante. Porque sino te cuidas un poquito y sino te valoras y te quieres, a quién vas a querer? Y porque sí, de todo se sale. Y mejor de lo que entraste. Aunque se necesite un poco de tiempo, para volver a ordenar los cajoncitos del alma. Para recolocar todo en su lugar y entender que todo pasa por y para algo (mejor).

Ahora entiendo que debemos abrazar la incertidumbre y confiar (siempre) dejando que todo fluya. Porque todo aparece para enseñarte algo nuevo. Porque para que algo bonito entre, debe salir primero lo anterior. Porque los cambios suman vida. Y porque sí, la vida es imprevisible, pero en nuestra mirada (actitud) siempre estará la clave.

Y bueno, no sé que me deparará el futuro, pero sé termino este año, más sabia, más fuerte, más feliz y más yo… Cuánto aprendizaje, cuántas lecciones de vida y cuánto vivido… Oye, y por mucho más. Que venga lo que tenga que venir… Que aquí estoy, con ganas de seguir descubriendo, aprendiendo, viviendo, luchando, disfrutando y sobre todo, sintiendo.

Porque ya lo sé, no hay ningun secreto en la vida. Hay que arriesgar pase lo que pase. Hay que saber levantarse cuando te caes, ser capaz de llorar siempre que se necesite, pero teniendo la suficiente fuerza como para terminar SIEMPRE sonriendo. Aprender de los errores, de los daños y de las caídas, porque hay cicatrices que nos enseñan más que toda una vida. Y eso puedo asegurarlo.

Y es que a veces es inevitable tocar el suelo, pero entonces hay que aprender a coger impulso para tocar el cielo.

 

Así que nada, les deseo de corazón un Feliz año nuevo. Que este 2019 les de mucho amor, salud, y sueños… Y sobre todo, energía e ilusión para hacerlos realidad. Yo estoy deseando descubrir lo que me depara. Venga lo que venga. Prometo ser valiente y tirarme a la piscina en todos los sentidos. Arriesgarme en todo lo que crea de corazón, y no permitir que los baches y las malas experiencias me cambien si no es a mejor. Y por supuesto, prometo seguir disfrutando de lo que más me apasiona y no conformarme nunca con cosas que no me llenen el alma. Porque solo tenemos una vida, y es verdad que una vida es más que suficiente si sabemos aprovecharla. 🙂

 

LES QUIERO MUCHO! MIL GRACIAS POR VUESTRO APOYO!! BRINDO POR UN AÑO MÁS JUNTOS Y POR TODO LO QUE NOS QUEDA POR VIVIR!!! HASTA EL AÑO QUE VIENE!!! 🙂

 

FELIZ 2019!!!

 

Foto: Josep Guitart

 

“De este nuevo año no espero nada. Voy a por todo”.

Sara Búho.


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